
Bueno, estoy sumamente aburrida, postrada en el balcón de mi habitación en la Isla de la Noche...
Me siento demasiado sola. Tarquin no vino con nosotros, está en Blackwood Farm arreglando "asuntos de familia" porque, ¿saben? Aunque él no lo quiera aceptar a veces, es el hombre de la casa.
Prometió que vendría lo antes posible, ni bien terminara con las indicaciones y recomendaciones para todo Blackwood Manor, así que no me quedó más que resignarme y venir con Lestat. ¿El viaje? ¡Fue un tormento! Las alturas me ponen los pelos de punta, y ese... vampiro... no paraba de amenazar con que si no me desprendía de su cuello al menos diez minutos, me tomaría de los cabellos y me soltaría al vacío...
Cuando al fin llegamos, me presentó a todos. Armand me pareció muy seductor y encantador; Louis, caballeroso y melancólico, algo resentido conmigo por el simple hecho de ser hija de la sangre de Lestat; Nicolas, verdaderamente agradable y excéntrico; y Vittorio, bondadoso, simpático e intrigante.
Armand, con su suavidad característica, nos confió que aún esperaba a David, a Marius y, por supuesto, a Quinn.
Ni bien me instaló en la habitación, Lestat se fue feliz y campante a reunirse con los demás.
No soporto este silencio, esta calma, esta tranquilidad...
¡Ésta soledad me volverá loca! Loca como Ofelia... Oh, sí... el mar ya me está resultando tentador... ¡solo me falta la corona de flores!...
En fin, dejaré mis penas por un rato y os contaré cómo es que vine a parar a esta encantadora residencia.
Cuando al fin llegamos, me presentó a todos. Armand me pareció muy seductor y encantador; Louis, caballeroso y melancólico, algo resentido conmigo por el simple hecho de ser hija de la sangre de Lestat; Nicolas, verdaderamente agradable y excéntrico; y Vittorio, bondadoso, simpático e intrigante.
Armand, con su suavidad característica, nos confió que aún esperaba a David, a Marius y, por supuesto, a Quinn.
Ni bien me instaló en la habitación, Lestat se fue feliz y campante a reunirse con los demás.
No soporto este silencio, esta calma, esta tranquilidad...
¡Ésta soledad me volverá loca! Loca como Ofelia... Oh, sí... el mar ya me está resultando tentador... ¡solo me falta la corona de flores!...
En fin, dejaré mis penas por un rato y os contaré cómo es que vine a parar a esta encantadora residencia.
Aquí comienza nuestro relato:
Hace unas noches, como todas las noches, escuché los pasos de alguien, dirigéndose a nuestra habitación. Abrió la puerta, nos corrió el dosel y se inclinó para darnos un beso en la mejilla a cada uno. Me incorporé deslizándome por debajo del brazo de Tarquin, algo sorprendida por el gesto de Lestat. ¿Tan feliz estaba para despertarnos de esa manera?
Quinn, en cambio, abrió apenas un ojo, sonrió atontado y volvió a voltearse.
Y ya estaba durmiendo otra vez...
- ¡Arriba, par de hurones! ¡Nos vamos!
- ¿Que nos vamos? - le pregunté. - ¿A dónde?
- A la Isla de la Noche.
- ¿Qué es eso?
- El sitio turístico de un amigo, Armand. Ya verás, es encantador, a ustedes les gustará.
- ¿La Isla del Ángel de Botticelli? - volví a preguntar, viéndome enredada en mi red de poesía otra vez.
- Sí, Ofelia. Nuestro pequeño diablillo. Me ha invitado. Está invitando a muchos a su Isla: Louis, Nicolas, Vittorio, David, Marius... Dijo que no habría problema de llevarlos, que estará encantado de conocerlos.
Me quedé pensando un rato. Hace unas noches había leído el libro que David Talbot (también hijo vampírico de Lestat) había publicado como una crónica más, la historia del vampiro Armand... Muy interesante.
Un ronquido de Quinn irrumpió en mis reflexiones.
- Haz el favor de despertar a tu Noble Abelardo - murmuró Lestat sonriendo, mientras salía de la habitación.
Os seguiré contando luego...
En estos momentos, la sed se apodera de mí y me nubla la razón... Necesito una víctima...
Pero os veré después.
Hace unas noches, como todas las noches, escuché los pasos de alguien, dirigéndose a nuestra habitación. Abrió la puerta, nos corrió el dosel y se inclinó para darnos un beso en la mejilla a cada uno. Me incorporé deslizándome por debajo del brazo de Tarquin, algo sorprendida por el gesto de Lestat. ¿Tan feliz estaba para despertarnos de esa manera?
Quinn, en cambio, abrió apenas un ojo, sonrió atontado y volvió a voltearse.
Y ya estaba durmiendo otra vez...
- ¡Arriba, par de hurones! ¡Nos vamos!
- ¿Que nos vamos? - le pregunté. - ¿A dónde?
- A la Isla de la Noche.
- ¿Qué es eso?
- El sitio turístico de un amigo, Armand. Ya verás, es encantador, a ustedes les gustará.
- ¿La Isla del Ángel de Botticelli? - volví a preguntar, viéndome enredada en mi red de poesía otra vez.
- Sí, Ofelia. Nuestro pequeño diablillo. Me ha invitado. Está invitando a muchos a su Isla: Louis, Nicolas, Vittorio, David, Marius... Dijo que no habría problema de llevarlos, que estará encantado de conocerlos.
Me quedé pensando un rato. Hace unas noches había leído el libro que David Talbot (también hijo vampírico de Lestat) había publicado como una crónica más, la historia del vampiro Armand... Muy interesante.
Un ronquido de Quinn irrumpió en mis reflexiones.
- Haz el favor de despertar a tu Noble Abelardo - murmuró Lestat sonriendo, mientras salía de la habitación.
Os seguiré contando luego...
En estos momentos, la sed se apodera de mí y me nubla la razón... Necesito una víctima...
Pero os veré después.

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como estas
pues yo no te
conosco pero se ve
q eres chido
bueno nadams
pasava a dejar un rayon cudese
cual es su correo